También recorremos su vínculo con Sekhmet, como dos expresiones de una misma fuerza femenina: el fuego que protege y transforma, y la dulzura que devuelve al corazón a la vida. De ahí nace una idea central del episodio: “Sekhmet nos enseña a sobrevivir. Hathor nos recuerda por qué vale la pena estar vivos.”
Comparto además una historia personal: hace muchos años elegí colocar a Hathor en el CD que grabé con la Meditación MerKaBa y la Meditación de la Unidad. La música había sido creada especialmente para aquella grabación e incluía didgeridoo, un instrumento que utiliza respiración circular. Esto conectaba con las enseñanzas de Drunvalo Melchizedek, quien hablaba de los Hathors como seres vinculados con Venus, el amor, el sonido y la sanación a través de la vibración.
Un episodio sobre el poder de la alegría, el sonido, la belleza y esa capacidad de volver a abrir el corazón después del fuego.