El abandono no siempre significa que alguien se haya ido físicamente.
A veces los padres estuvieron presentes, pero emocionalmente algo faltó: atención, contención, disponibilidad afectiva.
Cuando un niño percibe esa ausencia emocional, su sistema nervioso aprende algo muy profundo: que el amor puede desaparecer.
Esa experiencia temprana puede influir en la forma en que nos relacionamos en la vida adulta:
miedo a perder, dificultad para confiar, necesidad constante de validación o relaciones donde sentimos que nunca somos completamente elegidos.
En este episodio hablamos de:
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Qué es realmente la herida de abandono
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Cómo se forma en el sistema nervioso durante la infancia
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De qué manera influye en nuestras relaciones adultas
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Cómo muchas veces aprendemos a abandonarnos a nosotros mismos
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Y cómo comienza el proceso de sanar esta herida
Cerramos con una breve meditación para encontrarnos con esa parte de nosotros que alguna vez se sintió sola… y comenzar a sostenerla desde la conciencia.
Porque sanar no significa borrar el pasado.
Significa dejar de vivir gobernados por él.
Y recordar, como siempre aquí:
la conciencia transforma lo que toca.